viernes, 23 de junio de 2017

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO, S.S. JUAN PABLO II

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA
FAMILIARIS CONSORTIO
DE SU SANTIDAD
JUAN PABLO II

AL EPISCOPADO,
AL CLERO Y A LOS FIELES
DE TODA LA IGLESIA
SOBRE LA MISIÓN
DE LA FAMILIA CRISTIANA
EN EL MUNDO ACTUAL

INTRODUCCIÓN

La Iglesia al servicio de la familia
1. La familia, en los tiempos modernos, ha sufrido quizá como ninguna otra institución, la acometida de las transformaciones amplias, profundas y rápidas de la sociedad y de la cultura. Muchas familias viven esta situación permaneciendo fieles a los valores que constituyen el fundamento de la institución familiar. Otras se sienten inciertas y desanimadas de cara a su cometido, e incluso en estado de duda o de ignorancia respecto al significado último y a la verdad de la vida conyugal y familiar. Otras, en fin, a causa de diferentes situaciones de injusticia se ven impedidas para realizar sus derechos fundamentales.
La Iglesia, consciente de que el matrimonio y la familia constituyen uno de los bienes más preciosos de la humanidad, quiere hacer sentir su voz y ofrecer su ayuda a todo aquel que, conociendo ya el valor del matrimonio y de la familia, trata de vivirlo fielmente; a todo aquel que, en medio de la incertidumbre o de la ansiedad, busca la verdad y a todo aquel que se ve injustamente impedido para vivir con libertad el propio proyecto familiar. Sosteniendo a los primeros, iluminando a los segundos y ayudando a los demás, la Iglesia ofrece su servicio a todo hombre preocupado por los destinos del matrimonio y de la familia[1].
De manera especial se dirige a los jóvenes que están para emprender su camino hacia el matrimonio y la familia, con el fin de abrirles nuevos horizontes, ayudándoles a descubrir la belleza y la grandeza de la vocación al amor y al servicio de la vida.
El Sínodo de 1980 continuación de los Sínodos anteriores
2. Una señal de este profundo interés de la Iglesia por la familia ha sido el último Sínodo de los Obispos, celebrado en Roma del 26 de septiembre al 25 de octubre de 1980. Fue continuación natural de los anteriores[2]. En efecto, la familia cristiana es la primera comunidad llamada a anunciar el Evangelio a la persona humana en desarrollo y a conducirla a la plena madurez humana y cristiana, mediante una progresiva educación y catequesis.
Es más, el reciente Sínodo conecta idealmente, en cierto sentido, con el que abordó el tema del sacerdocio ministerial y de la justicia en el mundo contemporáneo. Efectivamente, en cuanto comunidad educativa, la familia debe ayudar al hombre a discernir la propia vocación y a poner todo el empeño necesario en orden a una mayor justicia, formándolo desde el principio para unas relaciones interpersonales ricas en justicia y amor.
Los Padres Sinodales, al concluir su Asamblea, me presentaron una larga lista de propuestas, en las que recogían los frutos de las reflexiones hechas durante las intensas jornadas de trabajo, a la vez que me pedían, con voto unánime, que me hiciera intérprete ante la humanidad de la viva solicitud de la Iglesia en favor de la familia, dando oportunas indicaciones para un renovado empeño pastoral en este sector fundamental de la vida humana y eclesial.
Al recoger tal deseo mediante la presente Exhortación, como una actuación peculiar del ministerio apostólico que se me ha encomendado, quiero expresar mi gratitud a todos los miembros del Sínodo por la preciosa contribución en doctrina y experiencia que han ofrecido, sobre todo con sus «propositiones», cuyo texto he confiado al Pontificio Consejo para la Familia, disponiendo que haga un estudio profundo de las mismas, a fin de valorizar todos los aspectos de las riquezas allí contenidas.
El bien precioso del matrimonio y de la familia
3. La Iglesia, iluminada por la fe, que le da a conocer toda la verdad acerca del bien precioso del matrimonio y de la familia y acerca de sus significados más profundos, siente una vez más el deber de anunciar el Evangelio, esto es, la «buena nueva», a todos indistintamente, en particular a aquellos que son llamados al matrimonio y se preparan para él, a todos los esposos y padres del mundo.
Está íntimamente convencida de que sólo con la aceptación del Evangelio se realiza de manera plena toda esperanza puesta legítimamente en el matrimonio y en la familia.
Queridos por Dios con la misma creación[3], matrimonio y familia están internamente ordenados a realizarse en Cristo[4] y tienen necesidad de su gracia para ser curados de las heridas del pecado[5] y ser devueltos «a su principio»[6], es decir, al conocimiento pleno y a la realización integral del designio de Dios.
En un momento histórico en que la familia es objeto de muchas fuerzas que tratan de destruirla o deformarla, la Iglesia, consciente de que el bien de la sociedad y de sí misma está profundamente vinculado al bien de la familia[7], siente de manera más viva y acuciante su misión de proclamar a todos el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia, asegurando su plena vitalidad, así como su promoción humana y cristiana, contribuyendo de este modo a la renovación de la sociedad y del mismo Pueblo de Dios.

PRIMERA PARTE
LUCES Y SOMBRAS DE LA FAMILIA
EN LA ACTUALIDAD


Necesidad de conocer la situación
4. Dado que los designios de Dios sobre el matrimonio y la familia afectan al hombre y a la mujer en su concreta existencia cotidiana, en determinadas situaciones sociales y culturales, la Iglesia, para cumplir su servicio, debe esforzarse por conocer el contexto dentro del cual matrimonio y familia se realizan hoy[8].
Este conocimiento constituye consiguientemente una exigencia imprescindible de la tarea evangelizadora. En efecto, es a las familias de nuestro tiempo a las que la Iglesia debe llevar el inmutable y siempre nuevo Evangelio de Jesucristo; y son a su vez las familias, implicadas en las presentes condiciones del mundo, las que están llamadas a acoger y a vivir el proyecto de Dios sobre ellas. Es más, las exigencias y llamadas del Espíritu Santo resuenan también en los acontecimientos mismos de la historia, y por tanto la Iglesia puede ser guiada a una comprensión más profunda del inagotable misterio del matrimonio y de la familia, incluso por las situaciones, interrogantes, ansias y esperanzas de los jóvenes, de los esposos y de los padres de hoy[9].
A esto hay que añadir una ulterior reflexión de especial importancia en los tiempos actuales. No raras veces al hombre y a la mujer de hoy día, que están en búsqueda sincera y profunda de una respuesta a los problemas cotidianos y graves de su vida matrimonial y familiar, se les ofrecen perspectivas y propuestas seductoras, pero que en diversa medida comprometen la verdad y la dignidad de la persona humana. Se trata de un ofrecimiento sostenido con frecuencia por una potente y capilar organización de los medios de comunicación social que ponen sutilmente en peligro la libertad y la capacidad de juzgar con objetividad.
Muchos son conscientes de este peligro que corre la persona humana y trabajan en favor de la verdad. La Iglesia, con su discernimiento evangélico, se une a ellos, poniendo a disposición su propio servicio a la verdad, libertad y dignidad de todo hombre y mujer.

Discernimiento evangélico
5. El discernimiento hecho por la Iglesia se convierte en el ofrecimiento de una orientación, a fin de que se salve y realice la verdad y la dignidad plena del matrimonio y de la familia.
Tal discernimiento se lleva a cabo con el sentido de la fe[10] que es un don participado por el Espíritu Santo a todos los fieles[11]. Es por tanto obra de toda la Iglesia, según la diversidad de los diferentes dones y carismas que junto y según la responsabilidad propia de cada uno, cooperan para un más hondo conocimiento y actuación de la Palabra de Dios. La Iglesia, consiguientemente, no lleva a cabo el propio discernimiento evangélico únicamente por medio de los Pastores, quienes enseñan en nombre y con el poder de Cristo, sino también por medio de los seglares: Cristo «los constituye sus testigos y les dota del sentido de la fe y de la gracia de la palabra (cfr. Act 2, 17-18; Ap 19, 10) para que la virtud del evangelio brille en la vida diaria familiar y social»[12]. Más aún, los seglares por razón de su vocación particular tienen el cometido específico de interpretar a la luz de Cristo la historia de este mundo, en cuanto que están llamados a iluminar y ordenar todas las realidades temporales según el designio de Dios Creador y Redentor.
El «sentido sobrenatural de la fe»[13] no consiste sin embargo única o necesariamente en el consentimiento de los fieles. La Iglesia, siguiendo a Cristo, busca la verdad que no siempre coincide con la opinión de la mayoría. Escucha a la conciencia y no al poder, en lo cual defiende a los pobres y despreciados. La Iglesia puede recurrir también a la investigación sociológica y estadística, cuando se revele útil para captar el contexto histórico dentro del cual la acción pastoral debe desarrollarse y para conocer mejor la verdad; no obstante tal investigación por sí sola no debe considerarse, sin más, expresión del sentido de la fe.
Dado que es cometido del ministerio apostólico asegurar la permanencia de la Iglesia en la verdad de Cristo e introducirla en ella cada vez más profundamente, los Pastores deben promover el sentido de la fe en todos los fieles, valorar y juzgar con autoridad la autenticidad de sus expresiones, educar a los creyentes para un discernimiento evangélico cada vez más maduro[14].
Para hacer un auténtico discernimiento evangélico en las diversas situaciones y culturas en que el hombre y la mujer viven su matrimonio y su vida familiar, los esposos y padres cristianos pueden y deben ofrecer su propia e insustituible contribución. A este cometido les habilita su carisma y don propio, el don del sacramento del matrimonio[15].

Situación de la familia en el mundo de hoy
6. La situación en que se halla la familia presenta aspectos positivos y aspectos negativos: signo, los unos, de la salvación de Cristo operante en el mundo; signo, los otros, del rechazo que el hombre opone al amor de Dios.
En efecto, por una parte existe una conciencia más viva de la libertad personal y una mayor atención a la calidad de las relaciones interpersonales en el matrimonio, a la promoción de la dignidad de la mujer, a la procreación responsable, a la educación de los hijos; se tiene además conciencia de la necesidad de desarrollar relaciones entre las familias, en orden a una ayuda recíproca espiritual y material, al conocimiento de la misión eclesial propia de la familia, a su responsabilidad en la construcción de una sociedad más justa. Por otra parte no faltan, sin embargo, signos de preocupante degradación de algunos valores fundamentales: una equivocada concepción teórica y práctica de la independencia de los cónyuges entre sí; las graves ambigüedades acerca de la relación de autoridad entre padres e hijos; las dificultades concretas que con frecuencia experimenta la familia en la transmisión de los valores; el número cada vez mayor de divorcios, la plaga del aborto, el recurso cada vez más frecuente a la esterilización, la instauración de una verdadera y propia mentalidad anticoncepcional.

En la base de estos fenómenos negativos está muchas veces una corrupción de la idea y de la experiencia de la libertad, concebida no como la capacidad de realizar la verdad del proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia, sino como una fuerza autónoma de autoafirmación, no raramente contra los demás, en orden al propio bienestar egoísta.
Merece también nuestra atención el hecho de que en los países del llamado Tercer Mundo a las familias les faltan muchas veces bien sea los medios fundamentales para la supervivencia como son el alimento, el trabajo, la vivienda, las medicinas, bien sea las libertades más elementales. En cambio, en los países más ricos, el excesivo bienestar y la mentalidad consumista, paradójicamente unida a una cierta angustia e incertidumbre ante el futuro, quitan a los esposos la generosidad y la valentía para suscitar nuevas vidas humanas; y así la vida en muchas ocasiones no se ve ya como una bendición, sino como un peligro del que hay que defenderse.
La situación histórica en que vive la familia se presenta pues como un conjunto de luces y sombras.
Esto revela que la historia no es simplemente un progreso necesario hacia lo mejor, sino más bien un acontecimiento de libertad, más aún, un combate entre libertades que se oponen entre sí, es decir, según la conocida expresión de san Agustín, un conflicto entre dos amores: el amor de Dios llevado hasta el desprecio de sí, y el amor de sí mismo llevado hasta el desprecio de Dios[16].
Se sigue de ahí que solamente la educación en el amor enraizado en la fe puede conducir a adquirir la capacidad de interpretar los «signos de los tiempos», que son la expresión histórica de este doble amor.

Influjo de la situación en la conciencia de los fieles
7. Viviendo en un mundo así, bajo las presiones derivadas sobre todo de los medios de comunicación social, los fieles no siempre han sabido ni saben mantenerse inmunes del oscurecerse de los valores fundamentales y colocarse como conciencia crítica de esta cultura familiar y como sujetos activos de la construcción de un auténtico humanismo familiar.
Entre los signos más preocupantes de este fenómeno, los Padres Sinodales han señalado en particular la facilidad del divorcio y del recurso a una nueva unión por parte de los mismos fieles; la aceptación del matrimonio puramente civil, en contradicción con la vocación de los bautizados a «desposarse en el Señor»; la celebración del matrimonio sacramento no movidos por una fe viva, sino por otros motivos; el rechazo de las normas morales que guían y promueven el ejercicio humano y cristiano de la sexualidad dentro del matrimonio.

Nuestra época tiene necesidad de sabiduría
8. Se plantea así a toda la Iglesia el deber de una reflexión y de un compromiso profundos, para que la nueva cultura que está emergiendo sea íntimamente evangelizada, se reconozcan los verdaderos valores, se defiendan los derechos del hombre y de la mujer y se promueva la justicia en las estructuras mismas de la sociedad. De este modo el «nuevo humanismo» no apartará a los hombres de su relación con Dios, sino que los conducirá a ella de manera más plena.
En la construcción de tal humanismo, la ciencia y sus aplicaciones técnicas ofrecen nuevas e inmensas posibilidades. Sin embargo, la ciencia, como consecuencia de las opciones politicas que deciden su dirección de investigación y sus aplicaciones, se usa a menudo contra su significado original, la promoción de la persona humana. Se hace pues necesario recuperar por parte de todos la conciencia de la primacía de los valores morales, que son los valores de la persona humana en cuanto tal. Volver a comprender el sentido último de la vida y de sus valores fundamentales es el gran e importante cometido que se impone hoy día para la renovación de la sociedad. Sólo la conciencia de la primacía de éstos permite un uso de las inmensas posibilidades, puestas en manos del hombre por la ciencia; un uso verdaderamente orientado como fin a la promoción de la persona humana en toda su verdad, en su libertad y dignidad. La ciencia está llamada a ser aliada de la sabiduría.
Por tanto se pueden aplicar también a los problemas de la familia las palabras del Concilio Vaticano II: «Nuestra época, más que ninguna otra, tiene necesidad de esta sabiduría para humanizar todos los nuevos descubrimientos de la humanidad. El destino futuro del mundo corre peligro si no se forman hombres más instruidos en esta sabiduría»[17].
La educación de la conciencia moral que hace a todo hombre capaz de juzgar y de discernir los modos adecuados para realizarse según su verdad original, se convierte así en una exigencia prioritaria e irrenunciable.
Es la alianza con la Sabiduría divina la que debe ser más profundamente reconstituida en la cultura actual. De tal Sabiduría todo hombre ha sido hecho partícipe por el mismo gesto creador de Dios. Y es únicamente en la fidelidad a esta alianza como las familias de hoy estarán en condiciones de influir positivamente en la construcción de un mundo más justo y fraterno.

Gradualidad y conversión
9. A la injusticia originada por el pecado —que ha penetrado profundamente también en las estructuras del mundo de hoy— y que con frecuencia pone obstáculos a la familia en la plena realización de sí misma y de sus derechos fundamentales, debemos oponernos todos con una conversión de la mente y del corazón, siguiendo a Cristo Crucificado en la renuncia al propio egoísmo: semejante conversión no podrá dejar de ejercer una influencia beneficiosa y renovadora incluso en las estructuras de la sociedad.
Se pide una conversión continua, permanente, que, aunque exija el alejamiento interior de todo mal y la adhesión al bien en su plenitud, se actúa sin embargo concretamente con pasos que conducen cada vez más lejos. Se desarrolla así un proceso dinámico, que avanza gradualmente con la progresiva integración de los dones de Dios y de las exigencias de su amor definitivo y absoluto en toda la vida personal y social del hombre. Por esto es necesario un camino pedagógico de crecimiento con el fin de que los fieles, las familias y los pueblos, es más, la misma civilización, partiendo de lo que han recibido ya del misterio de Cristo, sean conducidos pacientemente más allá hasta llegar a un conocimiento más rico y a una integración más plena de este misterio en su vida.

Inculturación
10. Está en conformidad con la tradición constante de la Iglesia el aceptar de las culturas de los pueblos, todo aquello que está en condiciones de expresar mejor las inagotables riquezas de Cristo[18]. Sólo con el concurso de todas las culturas, tales riquezas podrán manifestarse cada vez más claramente y la Iglesia podrá caminar hacia un conocimiento cada día más completo y profundo de la verdad, que le ha sido dada ya enteramente por su Señor.
Teniendo presente el doble principio de la compatibilidad con el Evangelio de las varias culturas a asumir y de la comunión con la Iglesia Universal se deberá proseguir en el estudio, en especial por parte de las Conferencias Episcopales y de los Dicasterios competentes de la Curia Romana, y en el empeño pastoral para que esta «inculturación» de la fe cristiana se lleve a cabo cada vez más ampliamente, también en el ámbito del matrimonio y de la familia.
Es mediante la «inculturación» como se camina hacia la reconstitución plena de la alianza con la Sabiduría de Dios que es Cristo mismo. La Iglesia entera quedará enriquecida también por aquellas culturas que, aun privadas de tecnología, abundan en sabiduría humana y están vivificadas por profundos valores morales.
Para que sea clara la meta y, consiguientemente, quede indicado con seguridad el camino, el Sínodo justamente ha considerado a fondo en primer lugar el proyecto original de Dios acerca del matrimonio y de la familia: ha querido «volver al principio», siguiendo las enseñanzas de Cristo[19].

SEGUNDA PARTE
EL DESIGNIO DE DIOS
SOBRE EL MATRIMONIO
Y LA FAMILIA


El hombre imagen de Dios Amor
11. Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza[20]: llamándolo a la existencia por amor, lo ha llamado al mismo tiempo al amor.
Dios es amor[21] y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor. Creándola a su imagen y conservándola continuamente en el ser, Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión[22]. El amor es por tanto la vocación fundamental e innata de todo ser humano.
En cuanto espíritu encarnado, es decir, alma que se expresa en el cuerpo informado por un espíritu inmortal, el hombre está llamado al amor en esta su totalidad unificada. El amor abarca también el cuerpo humano y el cuerpo se hace partícipe del amor espiritual.
La Revelación cristiana conoce dos modos específicos de realizar integralmente la vocación de la persona humana al amor: el Matrimonio y la Virginidad. Tanto el uno como la otra, en su forma propia, son una concretización de la verdad más profunda del hombre, de su «ser imagen de Dios».
En consecuencia, la sexualidad, mediante la cual el hombre y la mujer se dan uno a otro con los actos propios y exclusivos de los esposos, no es algo puramente biológico, sino que afecta al núcleo íntimo de la persona humana en cuanto tal. Ella se realiza de modo verdaderamente humano, solamente cuando es parte integral del amor con el que el hombre y la mujer se comprometen totalmente entre sí hasta la muerte. La donación física total sería un engaño si no fuese signo y fruto de una donación en la que está presente toda la persona, incluso en su dimensión temporal; si la persona se reservase algo o la posibilidad de decidir de otra manera en orden al futuro, ya no se donaría totalmente.
Esta totalidad, exigida por el amor conyugal, corresponde también con las exigencias de una fecundidad responsable, la cual, orientada a engendrar una persona humana, supera por su naturaleza el orden puramente biológico y toca una serie de valores personales, para cuyo crecimiento armonioso es necesaria la contribución perdurable y concorde de los padres.
El único «lugar» que hace posible esta donación total es el matrimonio, es decir, el pacto de amor conyugal o elección consciente y libre, con la que el hombre y la mujer aceptan la comunidad íntima de vida y amor, querida por Dios mismo[23], que sólo bajo esta luz manifiesta su verdadero significado. La institución matrimonial no es una ingerencia indebida de la sociedad o de la autoridad ni la imposición intrínseca de una forma, sino exigencia interior del pacto de amor conyugal que se confirma públicamente como único y exclusivo, para que sea vivida así la plena fidelidad al designio de Dios Creador. Esta fidelidad, lejos de rebajar la libertad de la persona, la defiende contra el subjetivismo y relativismo, y la hace partícipe de la Sabiduría creadora.

Matrimonio y comunión entre Dios y los hombres
12. La comunión de amor entre Dios y los hombres, contenido fundamental de la Revelación y de la experiencia de fe de Israel, encuentra una significativa expresión en la alianza esponsal que se establece entre el hombre y la mujer.
Por esta razón, la palabra central de la Revelación, «Dios ama a su pueblo», es pronunciada a través de las palabras vivas y concretas con que el hombre y la mujer se declaran su amor conyugal.
Su vínculo de amor se convierte en imagen y símbolo de la Alianza que une a Dios con su pueblo[24]. El mismo pecado que puede atentar contra el pacto conyugal se convierte en imagen de la infidelidad del pueblo a su Dios: la idolatría es prostitución[25], la infidelidad es adulterio, la desobediencia a la ley es abandono del amor esponsal del Señor. Pero la infidelidad de Israel no destruye la fidelidad eterna del Señor y por tanto el amor siempre fiel de Dios se pone como ejemplo de las relaciones de amor fiel que deben existir entre los esposos[26].

Jesucristo, esposo de la Iglesia, y el sacramento del matrimonio
13. La comunión entre Dios y los hombres halla su cumplimiento definitivo en Cristo Jesús, el Esposo que ama y se da como Salvador de la humanidad, uniéndola a sí como su cuerpo.
Él revela la verdad original del matrimonio, la verdad del «principio»[27] y, liberando al hombre de la dureza del corazón, lo hace capaz de realizarla plenamente.
Esta revelación alcanza su plenitud definitiva en el don de amor que el Verbo de Dios hace a la humanidad asumiendo la naturaleza humana, y en el sacrificio que Jesucristo hace de sí mismo en la cruz por su Esposa, la Iglesia. En este sacrificio se desvela enteramente el designio que Dios ha impreso en la humanidad del hombre y de la mujer desde su creación[28]; el matrimonio de los bautizados se convierte así en el símbolo real de la nueva y eterna Alianza, sancionada con la sangre de Cristo. El Espíritu que infunde el Señor renueva el corazón y hace al hombre y a la mujer capaces de amarse como Cristo nos amó. El amor conyugal alcanza de este modo la plenitud a la que está ordenado interiormente, la caridad conyugal, que es el modo propio y específico con que los esposos participan y están llamados a vivir la misma caridad de Cristo que se dona sobre la cruz.
En una página justamente famosa, Tertuliano ha expresado acertadamente la grandeza y belleza de esta vida conyugal en Cristo: «¿Cómo lograré exponer la felicidad de ese matrimonio que la Iglesia favorece, que la ofrenda eucarística refuerza, que la bendición sella, que los ángeles anuncian y que el Padre ratifica? ... ¡Qué yugo el de los dos fieles unidos en una sola esperanza, en un solo propósito, en una sola observancia, en una sola servidumbre! Ambos son hermanos y los dos sirven juntos; no hay división ni en la carne ni en el espíritu. Al contrario, son verdaderamente dos en una sola carne y donde la carne es única, único es el espíritu»[29].
La Iglesia, acogiendo y meditando fielmente la Palabra de Dios, ha enseñado solemnemente y enseña que el matrimonio de los bautizados es uno de los siete sacramentos de la Nueva Alianza[30].
En efecto, mediante el bautismo, el hombre y la mujer son inseridos definitivamente en la Nueva y Eterna Alianza, en la Alianza esponsal de Cristo con la Iglesia. Y debido a esta inserción indestructible, la comunidad íntima de vida y de amor conyugal, fundada por el Creador[31], es elevada y asumida en la caridad esponsal de Cristo, sostenida y enriquecida por su fuerza redentora.
En virtud de la sacramentalidad de su matrimonio, los esposos quedan vinculados uno a otro de la manera más profundamente indisoluble. Su recíproca pertenencia es representación real, mediante el signo sacramental, de la misma relación de Cristo con la Iglesia.
Los esposos son por tanto el recuerdo permanente, para la Iglesia, de lo que acaeció en la cruz; son el uno para el otro y para los hijos, testigos de la salvación, de la que el sacramento les hace partícipes. De este acontecimiento de salvación el matrimonio, como todo sacramento, es memorial, actualización y profecía; «en cuanto memorial, el sacramento les da la gracia y el deber de recordar las obras grandes de Dios, así como de dar testimonio de ellas ante los hijos; en cuanto actualización les da la gracia y el deber de poner por obra en el presente, el uno hacia el otro y hacia los hijos, las exigencias de un amor que perdona y que redime; en cuanto profecía les da la gracia y el deber de vivir y de testimoniar la esperanza del futuro encuentro con Cristo»[32].
Al igual que cada uno de los siete sacramentos, el matrimonio es también un símbolo real del acontecimiento de la salvación, pero de modo propio. «Los esposos participan en cuanto esposos, los dos, como pareja, hasta tal punto que el efecto primario e inmediato del matrimonio (res et sacramentum) no es la gracia sobrenatural misma, sino el vínculo conyugal cristiano, una comunión en dos típicamente cristiana, porque representa el misterio de la Encarnación de Cristo y su misterio de Alianza. El contenido de la participación en la vida de Cristo es también específico: el amor conyugal comporta una totalidad en la que entran todos los elementos de la persona —reclamo del cuerpo y del instinto, fuerza del sentimiento y de la afectividad, aspiración del espíritu y de la voluntad—; mira a una unidad profundamente personal que, más allá de la unión en una sola carne, conduce a no hacer más que un solo corazón y una sola alma; exige la indisolubilidad y fidelidad de la donación reciproca definitiva y se abre a la fecundidad (cfr. Humanae vitae, 9). En una palabra, se trata de características normales de todo amor conyugal natural, pero con un significado nuevo que no sólo las purifica y consolida, sino que las eleva hasta el punto de hacer de ellas la expresión de valores propiamente cristianos»[33].

Los hijos, don preciosísimo del matrimonio
14. Según el designio de Dios, el matrimonio es el fundamento de la comunidad más amplia de la familia, ya que la institución misma del matrimonio y el amor conyugal están ordenados a la procreación y educación de la prole, en la que encuentran su coronación[34].
En su realidad más profunda, el amor es esencialmente don y el amor conyugal, a la vez que conduce a los esposos al recíproco «conocimiento» que les hace «una sola carne»[35], no se agota dentro de la pareja, ya que los hace capaces de la máxima donación posible, por la cual se convierten en cooperadores de Dios en el don de la vida a una nueva persona humana. De este modo los cónyuges, a la vez que se dan entre sí, dan más allá de sí mismos la realidad del hijo, reflejo viviente de su amor, signo permanente de la unidad conyugal y síntesis viva e inseparable del padre y de la madre.
Al hacerse padres, los esposos reciben de Dios el don de una nueva responsabilidad. Su amor paterno está llamado a ser para los hijos el signo visible del mismo amor de Dios, «del que proviene toda paternidad en el cielo y en la tierra»[36].
Sin embargo, no se debe olvidar que incluso cuando la procreación no es posible, no por esto pierde su valor la vida conyugal. La esterilidad física, en efecto, puede dar ocasión a los esposos para otros servicios importantes a la vida de la persona humana, como por ejemplo la adopción, la diversas formas de obras educativas, la ayuda a otras familias, a los niños pobres o minusválidos.

La familia, comunión de personas
15. En el matrimonio y en la familia se constituye un conjunto de relaciones interpersonales —relación conyugal, paternidad-maternidad, filiación, fraternidad— mediante las cuales toda persona humana queda introducida en la «familia humana» y en la «familia de Dios», que es la Iglesia.
El matrimonio y la familia cristiana edifican la Iglesia; en efecto, dentro de la familia la persona humana no sólo es engendrada y progresivamente introducida, mediante la educación, en la comunidad humana, sino que mediante la regeneración por el bautismo y la educación en la fe, es introducida también en la familia de Dios, que es la Iglesia.
La familia humana, disgregada por el pecado, queda reconstituida en su unidad por la fuerza redentora de la muerte y resurrección de Cristo[37]. El matrimonio cristiano, partícipe de la eficacia salvífica de este acontecimiento, constituye el lugar natural dentro del cual se lleva a cabo la inserción de la persona humana en la gran familia de la Iglesia.
El mandato de crecer y multiplicarse, dado al principio al hombre y a la mujer, alcanza de este modo su verdad y realización plenas.
La Iglesia encuentra así en la familia, nacida del sacramento, su cuna y el lugar donde puede actuar la propia inserción en las generaciones humanas, y éstas, a su vez, en la Iglesia.

Matrimonio y virginidad
16. La virginidad y el celibato por el Reino de Dios no sólo no contradicen la dignidad del matrimonio, sino que la presuponen y la confirman. El matrimonio y la virginidad son dos modos de expresar y de vivir el único Misterio de la Alianza de Dios con su pueblo. Cuando no se estima el matrimonio, no puede existir tampoco la virginidad consagrada; cuando la sexualidad humana no se considera un gran valor donado por el Creador, pierde significado la renuncia por el Reino de los cielos.
En efecto, dice acertadamente San Juan Crisóstomo: «Quien condena el matrimonio, priva también la virginidad de su gloria; en cambio, quien lo alaba, hace la virginidad más admirable y luminosa. Lo que aparece un bien solamente en comparación con un mal, no es un gran bien; pero lo que es mejor aún que bienes por todos considerados tales, es ciertamente un bien en grado superlativo»[38].
En la virginidad el hombre está a la espera, incluso corporalmente, de las bodas escatológicas de Cristo con la Iglesia, dándose totalmente a la Iglesia con la esperanza de que Cristo se dé a ésta en la plena verdad de la vida eterna. La persona virgen anticipa así en su carne el mundo nuevo de la resurrección futura[39].
En virtud de este testimonio, la virginidad mantiene viva en la Iglesia la conciencia del misterio del matrimonio y lo defiende de toda reducción y empobrecimiento.
Haciendo libre de modo especial el corazón del hombre[40], «hasta encenderlo mayormente de caridad hacia Dios y hacia todos los hombres»[41], la virginidad testimonia que el Reino de Dios y su justicia son la perla preciosa que se debe preferir a cualquier otro valor aunque sea grande, es más, que hay que buscarlo como el único valor definitivo. Por esto, la Iglesia, durante toda su historia, ha defendido siempre la superioridad de este carisma frente al del matrimonio, por razón del vínculo singular que tiene con el Reino de Dios[42].
Aun habiendo renunciado a la fecundidad física, la persona virgen se hace espiritualmente fecunda, padre y madre de muchos, cooperando a la realización de la familia según el designio de Dios.
Los esposos cristianos tienen pues el derecho de esperar de las personas vírgenes el buen ejemplo y el testimonio de la fidelidad a su vocación hasta la muerte. Así como para los esposos la fidelidad se hace a veces difícil y exige sacrificio, mortificación y renuncia de sí, así también puede ocurrir a las personas vírgenes. La fidelidad de éstas incluso ante eventuales pruebas, debe edificar la fidelidad de aquéllos[43].
Estas reflexiones sobre la virginidad pueden iluminar y ayudar a aquellos que por motivos independientes de su voluntad no han podido casarse y han aceptado posteriormente su situación en espíritu de servicio.

Continúa en:
TERCERA PARTE
MISIÓN DE LA FAMILIA CRISTIANA
¡Familia, sé lo que eres!

Virgen de Guadalupe y del Apocalipsis (Ap. 12,1ss) y Madre de toda la Humanidad

miércoles, 25 de enero de 2017

OBISPOS DE MÉXICO: CONSAGRAD MÉXICO A MI CORAZÓN PARA ABROGAR LA LEY DEL ABORTO.

Revelaciones de la Virgen del Apocalipsis a Sus Obispos, Sacerdotes y Fieles de México y del Mundo,  a través de la Profeta Estigmatista “E”, en el Cenáculo de Oración de los Apóstoles de los Últimos Tiempos, el Domingo 22 de Enero del 2017.
La Virgen de Guadalupe sometiendo a Leviatán (Ap.12,1ss)

  • El Tercer Secreto de Fátima: su ocultamiento y distorsión hechas por Benedicto XVI y sus jerarcas del mal.
  • La NO Consagración de Rusia y sus consecuencias actuales.
  • La 'jerarquía sectaria y masónica' infiltrada hasta la Silla de Pedro. (Ap.13,11) 
  • La Flagelación de México por el Crimen Organizado con los masones del P.R.D., causada por la Ley del Aborto y los Avisos de la Virgen de Guadalupe. 
  • Vídeos que dan pruebas de la Infiltración de la Iglesia hasta la Silla de Pedro.
  • ¿Por qué NO funcionó el Exorcismo Magno de San Luis Potosí con el esquema del P. Fortea?
¿Por qué NO funcionó el Exorcismo Magno de San Luis Potosí con el esquema del P. Fortea? 

Porque el 'Magno Exorcismo Nacional DEBE realizarse conforme lo ha revelado la Virgen de Guadalupe' en el Plan de la 'GRAN CRUZADA MARIANA' que ya está en manos de los Obispos de México, y que sólo ellos deben realizar conforme se los ha indicado. 

El restablecimiento de la Paz, la Seguridad Nacional, la armonía, el progreso y la expulsión de Satanás y sus demonios depende nuevamente de ellos, nada podrá hacer el Gobierno Federal ni los Estatales.

¡Oremos todos para que el Espíritu Santo los anime e ilumine para que ejerzan su Poder y Autoridad Episcopal, éste es el deseo de la Virgen de Guadalupe! La posesión de nuestro hermano Ángel está permitida porque contiene el Mensaje de las Divinas Personas y de la Virgen que están agraviados por la comisión de decenas de miles de asesinatos de los bebitos que están en el vientre de sus madres, cometiendo el crimen abominable del matricidio, que Satanás toma como ofrenda de sangre para él, cada vez que se asesina a un bebito con la permisión de la Ley del Aborto promovida por los sectarios masones del Partido de la Revolución Democrática (P.R.D.).

¡Mensaje de la Virgen de Guadalupe, la del Apocalipsis!

Habla La Santísima Virgen:

“Mis hijitos, oren, oren por Mi Nación amada, la muerte y la destrucción se quieren apoderar de ella, pero la oración hecha con Fe, con amor, pueden cambiar muchas cosas.

Por falta de conocimiento y experiencia en el ámbito espiritual, muchos Obispos y Sacerdotes de nuestra Iglesia son confundidos por los demonios, sembrando en ellos dudas sobre la autenticidad de Mis Mensajes y de Mis Apariciones en el Mundo, y en especial en México; o por no saber que NO obliga obedecer a un mal o falso papa, cardenal u obispo, sino que obliga denunciar sus obras y rechazarlo, y esto pueden hacerlo de manera colegiada, todos unidos. Ya son varios Cardenales, Obispos, Sacerdotes y Teólogos que denuncian que Francisco NO es legítimo papa, sino aquél del que habla el capítulo 13 del Apocalipsis: “La Bestia, es decir el Anticristo; y el Falso Profeta o falso papa Francisco, la otra bestia de ese capítulo”.

El mismo Fray Juan de Zumárraga, que en 1531 era Arzobispo, dudaba de lo que le había pedido a Mi hijo Juan Diego para que fuera edificada Mi Casita en el Cerro del Tepeyac, pues Mi deseo ha sido siempre estar cuidando de Mis hijos mexicanos desde ahí, a Mis pequeños tan amados.

Ni siquiera comprendían, el Arzobispo Zumárraga, ni los religiosos franciscanos que se encontraban en el momento en que plasmé Mi Sagrada Imagen en el Ayate, lo que significaban los símbolos mostrados en Mi Imagen, que están directamente relacionados con lo que os dice el capítulo 12 del Apocalipsis, escrito por Mi hijo San Juan Apóstol.

Recordad que Mi Divino Esposo inspiró el Evangelio y el Apocalipsis de San Juan, como los demás libros de las Sagradas Escrituras que os han legado las Divinas Personas.

‘Apocalipsis significa Revelaciones’, y ahí encontráis mucha información, las revelaciones, las profecías sobre lo que habría de suceder en ‘estos Últimos Tiempos’. Estos tiempos señalados ahí ya los estáis viviendo.

En el capítulo 13, en el versículo 11 se os revela que la Iglesia sería infiltrada, con la presencia de ‘jerarcas sectarios de la pantera negra, son los ‘Corderos que hablan como la Bestia’ y que están totalmente al servicio de ésta bestia negra, de la pantera, es decir, de ‘la masonería laica’, puesto que obra en la oscuridad, en silencio y con astucia para devorar a sus presas, a los demás jerarcas, sacerdotes y fieles que piensan y actúan con ingenuidad.

La masonería eclesiástica ya está identificada, promueven las obras y deseos de Satanás: el modernismo, el aborto, los matrimonios homosexuales, el comunismo, la manipulación genética in vitro, la eutanasia, que es una forma astuta de llamar ‘forma digna de morir’ a lo que es en realidad ‘el suicidio legalizado y ejecutado por médicos’, que se opone a la oportunidad que tiene la persona, de expiar sus pecados y faltas con las enfermedades y otros sufrimientos, que es necesario pasar para purificación y remisión de las transgresiones contra el Amor de Dios por Sus hijos; y que es mejor padecer en la Tierra que aún en el mismo Purgatorio o en el Infierno.

Todo esto, hijitos Míos; y la formación de una ‘falsa iglesia ecuménica’ y de un ‘Gobierno Mundial, llamado Nuevo Orden Mundial’, promueven la bestia negra -la masonería-, los illuminati y los rotarios, entre otras sectas. Estos acontecimientos están profetizados desde el Antiguo Testamento por Daniel, de los capítulos 7 a 11, repasadlos; que alterarían las Fiestas de la Iglesia y sería suprimido el Eterno Sacrificio o Santa Misa; que sería alterada la Ley Divina, los Diez Mandamientos; así como los diez reinos o Naciones que hicieron surgir la Unión Europea, fundada por malos judíos, que ahora es la Comunidad Económica Europea y se transformará en el Gobierno Mundial del Anticristo Maitreya.

Todas las aberraciones y demolición de los fundamentos de la Iglesia, que han estado siendo atacados, sin que los jerarcas y fieles se den bien cuenta de ello, desde el Concilio Ecuménico Vaticano II con Benedicto XVI, quien fungió como perito y cabeza del movimiento modernista que infiltraron los jerarcas sectarios en el Concilio, eran la primera parte del cumplimiento del plan de la sinagoga infernal contra la Iglesia de Mi Hijo, un plan hecho desde el Infierno por Satanás y sus demonios como se os reveló en los Exorcismos publicados por el P. Arnold Renz (“Advertencias del Más Allá a la Iglesia Contemporánea”); y en los Exorcismos a Anneliese Michel sobre la perniciosa corriente modernista.

Obispo Demetrio Sodi en una logia masónica del Brasil

·        Paulo VI no escuchó el Tercer Secreto de Fátima por voz de Sor Lucía dos Santos.

Paulo VI se dio cuenta ya tarde, cuando vio que sus cardenales no lo obedecían y hacían lo contrario que les ordenaba, y alcanzó a declarar en Misa que: “Por alguna fisura se filtró el humo del Infierno -de la masonería- en el interior de la Iglesia”, con el perverso modernismo y las acciones de la jerarquía y los futuros pontífices apóstatas que habría, después de Juan Pablo II, contra la grandeza y majestuosa Tradición de la Iglesia de Mi Hijo Jesús.

Esta declaración de Paulo VI corresponde al mismo contenido del Tercer Secreto de Fátima que revelé a Mi hija Sor Lucía dos Santos para revelárselo a Paulo VI.
( Ver: https://concilioecumenicovaticanoii.blogspot.mx y la ‘Cronología de un Encubrimiento’, realizado por Benedicto XVI y Tarcisio Bertone desde la Congregación de la Doctrina de la Fe, para distorsionar el verdadero contenido del Tercer Secreto de Fátima y ocultarlo, como hicieron a Sor Lucía, a quien luego asesinaron).


El error de Sor Lucía y el de Paulo VI fue “no hablar sin dilación ni escrúpulos o protocolos del Secreto de Fátima que Yo le enviaba al papa para prevenirlo. Al no escuchar no estuvo prevenido ni actuante; Paulo VI pudo haber evitado muchas cosas del avance de la masonería infiltrada en la Iglesia hasta los Más Altos Reinos de la Jerarquía en el Vaticano, pues ya querían apoderarse de la Silla de Pedro para demoler la Iglesia, lo que iniciaron en el Concilio Vaticano II.

Nuevamente, está desde entonces, actuando el Sanedrín, fundador de la masonería y los illuminatiellos son la ‘Sinagoga de Satanás’ que demuele la Iglesia fundada por Mi Hijo Jesús, son los rabinos que han estado manipulando a los sionistas Benedicto XVI y a Francisco, ahora con el ‘Grupo de jerarcas apóstatas, autodenominado Grupo de San Galo’, de los ocho cardenales designados por Francisco, el ‘Team Bergoglio’ que le promovió para conseguir la Silla de Pedro, para que le ayuden a dominar la Iglesia, encabezado por el cardenal belga homosexual Godfried Danneels, quien ha declarado sínicamente su siniestra actuación para promover un papa que actuara más rápidamente que Benedicto XVI, con las consignas de los rabinos para demoler nuestra Iglesia.

Así, la masonería se infiltró en el seno de la Iglesia (Ap. 13,1-2a); llegó hasta los Más Altos Reinos de la Jerarquía en el Vaticano (Ap. 13,11-12a); y hasta la Silla de Pedro” con Benedicto XVI, judío y miembro del Priorato de Praga, de ahí viene todo su linaje. Los rabinos que lo integran tenían entre sus principales metas, apoderarse de ‘La Silla de Pedro’ como os fue revelado; y que Francisco es Mi enemigo (Ap.13,11-12), poseído por Leviatán (Ap.13,1).

Entended bien, Francisco es ‘el falso profeta’, es otra de las 4 bestias que se os revelan en el Apocalipsis. Y Maitreya, es otra de las Bestias, es el Devastador Anticristo (Ap. 13,18); quien actúa con Leviatán, el enorme Dragón rojo de 7 cabezas.

Os repito hijos Míos Predilectos, Cardenales, Arzobispos, Obispos y Sacerdotes de México y del Mundo entero: ¡NO OS OBLIGA OBEDIENCIA ALGUNA CON FRANCISCO, ÉL ES MI ADVERSARIO; Y ES EL FALSO PROFETA DE APOCALIPSIS 13!

·       No escucharon Mi Advertencia de Consagrar a Rusia a Mi Corazón Inmaculado, las consecuencias ahora son muy graves.

Yo, como Reina Madre y Maestra de la Iglesia advertí que el Papa debía Consagrar Rusia a Mi Inmaculado Corazón, en unión con todos los Obispos del Mundo, para que Rusia se convirtiera, de lo contrario, de no atender Mi Advertencia y deseos, Rusia extendería los errores y horrores del ‘comunismo’ hacia otras Naciones, y varias de ellas serán aniquiladas. El papa Juan Pablo II no consagró Rusia como Yo lo indiqué, de tal suerte que el comunismo se ha extendido a Sudamérica y serán aniquiladas varias Naciones, porque Juan Pablo II hizo la Consagración con unos cuantos Obispos de la curia romana, lo que hice saber a Mi hija Sor Lucía dos Santos y lo dio a conocer.

Por eso os pido, Obispos de MéxicoConsagrad todos unidos, la Nación que tanto amo a Mi Corazón Inmaculado para que Satanás y sus demonios no puedan seguiros causando tanto daño y tantas muertes.

Habla el demonio Leviatán:

Nosotros los demonios y Satanás les ponemos trampas en sus pensamientos a los Cardenales, Obispos y Sacerdotes mexicanos y del mundo entero, para que duden y no le crean sus Mensajes y Revelaciones a la Virgen María de Guadalupe, sobre todo en lo que se refiere a la defensa de la Vida Humana, de la formación y educación sana y moral para los niños y los jóvenes, que nosotros tanto disfrutamos en atacar.

Ahora Sus amados jóvenes están siendo envueltos con ideas violentas, que el mismo Satanás les ha puesto, para que a manera de juego, ellos maten a sus propios compañeros, esto, a nosotros los demonios nos satisface, queremos muertes de jóvenes y niños que piensan que la muerte es un juego, pero esto es un dolor muy grande para la Mujer, quien no quiere que Sus hijos amados se asesinen, por eso quiere pedirles QUE OREN, NO TAN SOLO POR LOS BEBÉS que toma Satanás con los abortos, sino por los jóvenes que están llenándose de violencia y se asesinan entre ellos; y Satanás toma esas almas también como ofrenda para sí mismo.

Habla la Virgen María de Guadalupe, La del Apocalipsis:
Los Obispos de México deben consagrar lo más pronto posible su amada Nación mexicana a Mi Corazón Inmaculado como Virgen de Guadalupe, para que Satanás y sus demonios no sigan causando daño a éste País que tanto amo.

Si no lo hacen, habrá desastres naturales en varios lugares de este País y en varios lugares del Mundo, como advertencia y como última oportunidad para convertirse, no como Castigo, sino como Justa consecuencia de sus malas decisiones, de haber olvidado al Creador de la Creación, a Su Hijo que dio la vida para salvarlos, y al pecado; y a Mí que Soy Su Madre y que he intercedido por toda la Humanidad; y que el tiempo se agota y Mis Lágrimas y Mis Plegarias a Dios Todopoderoso ya no serán suficientes, puesto que no hay conversión de la humanidad y Nos ignoran por completo.

Gracias por haberse reunido hijos amados, su obediencia y amor fiel alegran Mi Corazón de Madre, os bendigo en Nombre de la Trinidad Santísima y en Mi Nombre.
Amén, amén, amén.

Mensaje Certificado por el M.I.D.P., Núm. 778/E/AUT/22/01/17





En seguida, sólo algunos Vídeos públicos, entre decenas de ellos, de tantas herejías, blasfemias, hechos y planes del falso papa Francisco:



Bergoglio blasfemó a Jesucristo: «Jesús se hizo un poco 'el idiota'» «violó la moral »


Un Cafe con Galat Mafia de Cardenales conspiradores   




EL PAPA FRANCISCO BLASFEMA CONTRA DIOS




EL ANTICRISTO YA TIENE SU TEMPLO CONSTRUIDO
Hasta los adventistas se dan cuenta de lo que está haciendo el falso papa Francisco: construye el Templo del Anticristo con los jesuitas.



El Papa Francisco apoya implantacion del chip RFID 666 (Ap.13,18)
Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=flskj6iZEt8


DR. KELLY BOWRING ¿Papa Francisco, eres el Falso Profeta?


Bergoglio miembro de los masones del Club Rotario de Argentina
Enlace: https://www.youtube.com/watch?time_continue=11&v=cbv-MlTixYE 



¿Arzobispo Predijo la llegada de "Francisco" en 1950? (Impresionante!!) Arzobispo Fulton Sheen 
Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=SP5P-d2Iz1c 



Un Café con Galat - Cuál es el Tercer Secreto de Fátima



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